Mis Charlas de Café nacieron de un curso que no entendí en 2021
En 2021 tomé un curso de Franck Scipion llamado Killer Webinars.
—Vaya nombre, lo sé— “los webinars que matan… o los asesinos”, como quieras verlo jaja.
Me apunté porque pensaba que iba a aprender a vender de forma grupal por internet.
A hacer esos webinars donde la gente se queda hipnotizada, te compra al final,
y tú terminas con la sensación de que dominas el juego.
Mi primer webinar fue un completo fracaso.
Tuve uno o dos asistentes.
Se salieron antes de terminar.
No vendí ni un dólar.
Entre 2021 y 2023 repetí el intento unas cuatro veces.
Siempre con buena intención, siempre queriendo compartir algo que creía valioso.
Pero nunca terminaba de cuajar.
No sabía explicarlo en ese momento, pero me faltaba la parte invisible de la práctica:
la repetición, la paciencia y el desapego.
Lo curioso es que ese curso tenía una lección que yo ignoré por completo.
Franck solía decir:
“Haz por lo menos 100 webinars antes de querer automatizar o grabar tu webinar.”
Y remataba con otra frase que me marcó años después:
“Idealmente, plantea una frecuencia de una vez por semana para perfeccionar tu proceso de venta vía webinar.”
Y ahí estaba la clave.
Solo que yo no lo entendí… hasta años después.
A principios de este 2025, cuando lancé mi comunidad Coders Comerciales, sin planearlo empecé a hacer algo que terminó siendo mi propia versión de esos webinars:
las Charlas de Café.
La idea surgió de una escena muy simple:
esa conversación en un café con un amigo donde hablas sin filtro,
donde si ves que necesita una mano, te desbordas para ayudarlo.
Y pensé: ¿por qué no llevar eso al formato digital?
Durante cuatro meses, cada semana, organicé una charla de café.
Sin guion. Sin objetivo de venta.
Solo compartiendo lo que veía, lo que aprendía, lo que dolía.
Y lo increíble fue ver cómo, con el paso de las semanas,
la gente empezó a tener FOMO sano por perderse las charlas.
Había quienes me escribían:
“¿Dónde puedo ver la repetición?”
Otros que decían:
“Esa charla me movió, justo estaba pasando por eso.”
Empecé a invitar a algunos a participar.
Les ayudaba a elegir un tema, a contarlo en vivo,
frente a una audiencia pequeña pero segura, sin trolls.
Muchos terminaban agradeciendo el espacio.
Era como verlos respirar al fin.
Y ahí entendí todo.
Aquellas notas viejas de 2021 no eran teoría vacía de marketing.
Eran un mapa adelantado.
Solo que yo necesitaba vivirlo para entenderlo.
En ese momento no lo sabía,
pero cada una de esas charlas era mi entrenamiento para aprender a escuchar, conectar y enseñar sin vender.
Lo que en su momento fue un curso sobre cómo vender por webinar,
en realidad me estaba entrenando para aprender a comunicar con pasión, cada semana, hasta dominar mi mensaje.
Al final, resultó que no necesitaba aprender a hacer webinars,
sino solo aprender a generar una buena conversación con una taza de café. ☕
Reflexión final:
No dudes en tomar cursos o workshops aunque todavía no sepas cómo vas a aplicarlos.
Quizá en unos años descubras que aquello que parecía un experimento fallido
se convirtió, sin que lo notaras, en tu propia versión de las Charlas de Café:
ese espacio donde finalmente todo cobra sentido.
💬 Pregunta para ti:
¿Recuerdas algún curso, mentoría o proyecto que en su momento no entendiste…
pero años después marcó un antes y un después en tu camino?
Te leo.


