Noviembre de 2022, me convertí en papá por primera vez.
Nadie te avisa que ser papá primerizo, además de lo bonito, también es de lo más jodido que te puede pasar. Y a mí me tocó en el peor momento posible.
En esa época, casi no dormía. Y si no duermes es obvio que no rindes igual. Esto se fue reflejando en mi desempeño en el trabajo. Provocando roces constantes con mi jefe que casi terminan en despido y con mi autoestima por los suelos.
Te confieso que llegué a creer que era un incompetente como ingeniero. Eso nunca me había pasado.
Y encima, atendiendo lo que había que atender en casa.
Todo eso pasando al mismo tiempo. Literalmente me llevó al límite.
Tres años después me paré en un escenario a contárselo a un salón de desconocidos. Nada de eso lo había platicado en voz alta fuera de mi familia. Y menos frente a gente que no conocía.
Finalicé mi plática compartiendo cómo lo resolví y las oportunidades que nacen a partir de las crisis.
Al ir a sentarme a mi lugar, recuerdo que una señora me dijo: “Qué valor para contar eso, Guillermo. Muchas pasamos por lo mismo y tú le pusiste nombre.”
Otra chava se acercó y me dijo: “Justo eso le pasó a mi hermano cuando fue papá por primera vez.”
Mostrarme vulnerable genero que las personas se abrieran conmigo.
Y en ese evento, mientras escuchaba a otros panelistas, entendí algo tremendamente cabrón: entre más personal es una herida, más universal es.
Ahora, ¿Cuándo fue la última vez que alguien a quien tu admiras te contó, sin filtro, un negocio que se le vino abajo?
Los podrías contar con una sola mano.
Presumir un cierre con un cliente es fácil. Contar una metida de pata nos da pena. Y pensamos que esto solo nos pasa a nosotros.
Eso es Emprenderrores. Un espacio donde emprendedores y empresarios cuentan, de frente, lo que de verdad le pasó. Sin filtro, sin la versión bonita que lees en LinkedIn.
No vas a escuchar desahogos empresariales, si no historias de errores de negocio que te ahorraran años de frustración.
Escuchar a alguien que perdió 1 millón de pesos, o cómo un negocio familiar casi colapsa al faltar el papá por no tener sistemas, cada una de estas historias te dice que hacer y que no hacer en el ámbito empresarial.
Este año me tocó del otro lado: junto con mi amiga Adriana Orozco estoy organizarlo y siendo el host de esta segunda edición en Monterrey.
Y lo hago porque sé lo que se siente pararse frente a un grupo de personas. Mi chamba ese día es acompañar a los panelistas para que se animen a contar la historia completa.
Regresamos a Monterrey el sábado 24 de octubre 2026, de 10:00 a.m. a 2:00 p.m. en San Pedro. Somos pocos a propósito (cupo limitado a 30 personas), porque en un salón gigante nadie cuenta su peor error.
La preventa termina este 30 de septiembre: $1,100 el boleto individual, o $1,900 si vienes con tu socio.
Será un honor saludarte en persona.
P.D. Si traes una historia de esas encima, de las que no has contado en ningún lado, respóndeme este correo y cuéntamela. Te leo.



